Lamento mucho que episodios de violencia en la Universidad Central de
Venezuela se hayan vuelto recurrentes y nos veamos forzados a verlos como parte
normal del día a día de un ucevista. He tenido que acostumbrarme a permanecer
en el recinto universitario hasta altas horas de las noches teniendo que
escuchar ráfagas de disparos en los predios de Tierra de Nadie, algo a lo cual
ya se reacciona con naturalidad. En cada manifestación de protesta que se
produce en la UCV, se dan focos de disturbio y de violencia que no tienen
consonancia con el motivo original de la protesta, la reivindicación, ya sea de
estudiantes, profesores o empleados. Se trata pues de actos vandálicos causados
por agentes desestabilizadores cuyo último fin es imponer su razón mediante el
terror y no el diálogo, pasando por encima de los demás.
Es triste ver como hoy en la Universidad Central de Venezuela se practique
el terrorismo sin que nadie haga nada y que dichas acciones sigan cobrando
vidas de los ucevistas, personas cuya misión es convertirse en profesionales
para servir a la construcción y evolución de un mejor país. Recientemente se
anunció la muerte de una estudiante producto de un problema respiratorio
agravado por una bomba lacrimógena lanzada en el mes de enero dentro del
campus, dicho anuncio se da el mismo día en que otra bomba lacrimógena hace de
las suyas. Pero esto no es lo único, sabemos de sobra las repetidas acciones
violentas en contra del rectorado, los vehículos quemados, las imágenes de
encapuchados intocables que no pueden ser expulsados de la UCV ni llevados a
juicio por actos vandálicos comprobados, ya que instancias gubernamentales los
apadrinan. Al final la impunidad se impone y la Sombra sigue venciendo la Casa.
¿Cuántas vidas deben seguir cobrando el terrorismo y el hampa antes de que
el ucevista reaccione y se dé cuenta de que debe ser él/ella quien tome cartas
en el asunto para sacar su casa de la sombra en que se encuentra sumergida?
La Ciudad Universitaria empieza a asemejar el escenario de una película a
lo Western Spaghetti, con una autoridad local desarmada y resignada a abandonar
a sus ciudadanos ucevistas a la desgracia de los terroristas que hoy azotan a
la UCV. Del otro lado de la moneda, un gobierno nacional cuyo
propósito es someter pensamientos (las voluntades parecen haber sido
aplacadas), tampoco se trata entonces de intercambiar el terrorismo que hoy
tenemos por una forma de terrorismo institucional.
Ante toda la violencia en contra de la UCV y los ucevistas se generan
comentarios de condena, o simplemente no se generan comentarios. Luego se llama
a reaccionar, pero ¿Quién va a reaccionar? Como hemos visto, tenemos una
autoridad universitaria que ha perdido toda capacidad de acción y una autoridad
gubernamental que sustenta el record de ineficacia en cuanto a políticas de
seguridad a nivel nacional. Entonces ¿Qué hacer? Hay que entender que el
llamado no tiene que ser para los demás sino para uno mismo, que si uno no se
defiende a sí mismo no se puede esperar que nadie más o haga.
Alguien me comentó a manera de reproche que el suceso de la chica muerta a
causa de problemas respiratorios generados por la bomba lacrimógena, en otro
país hubiera sido motivo de revuelo de grandes dimensiones que hubiera hecho
vibrar todos los rincones del territorio nacional. Pero esto no ha de ocurrir
mientras el ucevista siga pensando que es mejor tomar vacaciones los días de
protesta o que es mejor no perder clases, en medio de las condiciones
paupérrimas que han disminuido la calidad de la UCV, a arriesgar la vida para
defender los que son también sus derechos. Pienso que no sea necesario recordar
que el título de la UCV ha perdido valía debido a, la falta de actualización de
los programas de estudio y; la falta de inversión en la investigación. Como
estudiante, en última instancia preferiría mil veces sacrificar un semestre o
un año de mi carrera para luchar por las condiciones académicas y de seguridad
que cualquier estudiante se merece.
También comprendo que en todo caso no sería una lucha aislada de los
estudiantes, pues los profesores también deben tomar responsabilidad y asumir
su papel de guía, dentro y fuera del aula. Para mí es el profesor quien debiera
ser el primero modelo de esta sociedad, un ciudadano con los más altos valores
éticos y morales que además de transmitir el conocimiento, sirva de mentor a
las nuevas generaciones como instrumento canalizador de esas nuevas energías
que los ayude a materializar sus proyectos. Es el profesor el primer modelo que
tiene el alumno después de los padres, y mientras dicho gremio siga permitiendo
la vejación a sus derechos y a cambio siga mostrando escepticismo y apatía, los
estudiantes verán mermados sus esfuerzos por falta de liderazgo, porque el
liderazgo se adquiere con la experiencia y no de otra manera. Un oficial sin
tropa no sería capaz de vencer a su enemigo y una tropa sin oficial no tendría
claros objetivos y terminaría en el fracaso. Los profesores son los oficiales y
los estudiantes sus tropas, no tiene sentido entonces que esos dos componentes
sigan separados cuando los enemigos a vencer son los mismos: la inseguridad y
la falta de recursos.
Una casa no la construyen paredes y techos, esos son sólo los materiales.
Quienes construyen una casa son las manos que luego la habitarán y le darán el
justo mantenimiento. Porque cuando se le olvida y se deja al abandono la casa
se sume en sombras, es tarea de todos los ucevistas, estudiantes y profesores,
quitarle las telarañas de los vicios que ennegrecen a la UCV para que una vez
más se convierta en la Casa que Vence las Sombras.