miércoles, 14 de marzo de 2012

¿El terrorismo invade la UCV?

Lamento mucho que episodios de violencia en la Universidad Central de Venezuela se hayan vuelto recurrentes y nos veamos forzados a verlos como parte normal del día a día de un ucevista. He tenido que acostumbrarme a permanecer en el recinto universitario hasta altas horas de las noches teniendo que escuchar ráfagas de disparos en los predios de Tierra de Nadie, algo a lo cual ya se reacciona con naturalidad. En cada manifestación de protesta que se produce en la UCV, se dan focos de disturbio y de violencia que no tienen consonancia con el motivo original de la protesta, la reivindicación, ya sea de estudiantes, profesores o empleados. Se trata pues de actos vandálicos causados por agentes desestabilizadores cuyo último fin es imponer su razón mediante el terror y no el diálogo, pasando por encima de los demás.

Es triste ver como hoy en la Universidad Central de Venezuela se practique el terrorismo sin que nadie haga nada y que dichas acciones sigan cobrando vidas de los ucevistas, personas cuya misión es convertirse en profesionales para servir a la construcción y evolución de un mejor país. Recientemente se anunció la muerte de una estudiante producto de un problema respiratorio agravado por una bomba lacrimógena lanzada en el mes de enero dentro del campus, dicho anuncio se da el mismo día en que otra bomba lacrimógena hace de las suyas. Pero esto no es lo único, sabemos de sobra las repetidas acciones violentas en contra del rectorado, los vehículos quemados, las imágenes de encapuchados intocables que no pueden ser expulsados de la UCV ni llevados a juicio por actos vandálicos comprobados, ya que instancias gubernamentales los apadrinan. Al final la impunidad se impone y la Sombra sigue venciendo la Casa.

¿Cuántas vidas deben seguir cobrando el terrorismo y el hampa antes de que el ucevista reaccione y se dé cuenta de que debe ser él/ella quien tome cartas en el asunto para sacar su casa de la sombra en que se encuentra sumergida?

La Ciudad Universitaria empieza a asemejar el escenario de una película a lo Western Spaghetti, con una autoridad local desarmada y resignada a abandonar a sus ciudadanos ucevistas a la desgracia de los terroristas que hoy azotan a la UCV. Del otro lado de la moneda, un gobierno nacional cuyo propósito es someter pensamientos (las voluntades parecen haber sido aplacadas), tampoco se trata entonces de intercambiar el terrorismo que hoy tenemos por una forma de terrorismo institucional.

Ante toda la violencia en contra de la UCV y los ucevistas se generan comentarios de condena, o simplemente no se generan comentarios. Luego se llama a reaccionar, pero ¿Quién va a reaccionar? Como hemos visto, tenemos una autoridad universitaria que ha perdido toda capacidad de acción y una autoridad gubernamental que sustenta el record de ineficacia en cuanto a políticas de seguridad a nivel nacional. Entonces ¿Qué hacer? Hay que entender que el llamado no tiene que ser para los demás sino para uno mismo, que si uno no se defiende a sí mismo no se puede esperar que nadie más o haga.

Alguien me comentó a manera de reproche que el suceso de la chica muerta a causa de problemas respiratorios generados por la bomba lacrimógena, en otro país hubiera sido motivo de revuelo de grandes dimensiones que hubiera hecho vibrar todos los rincones del territorio nacional. Pero esto no ha de ocurrir mientras el ucevista siga pensando que es mejor tomar vacaciones los días de protesta o que es mejor no perder clases, en medio de las condiciones paupérrimas que han disminuido la calidad de la UCV, a arriesgar la vida para defender los que son también sus derechos. Pienso que no sea necesario recordar que el título de la UCV ha perdido valía debido a, la falta de actualización de los programas de estudio y; la falta de inversión en la investigación. Como estudiante, en última instancia preferiría mil veces sacrificar un semestre o un año de mi carrera para luchar por las condiciones académicas y de seguridad que cualquier estudiante se merece.

También comprendo que en todo caso no sería una lucha aislada de los estudiantes, pues los profesores también deben tomar responsabilidad y asumir su papel de guía, dentro y fuera del aula. Para mí es el profesor quien debiera ser el primero modelo de esta sociedad, un ciudadano con los más altos valores éticos y morales que además de transmitir el conocimiento, sirva de mentor a las nuevas generaciones como instrumento canalizador de esas nuevas energías que los ayude a materializar sus proyectos. Es el profesor el primer modelo que tiene el alumno después de los padres, y mientras dicho gremio siga permitiendo la vejación a sus derechos y a cambio siga mostrando escepticismo y apatía, los estudiantes verán mermados sus esfuerzos por falta de liderazgo, porque el liderazgo se adquiere con la experiencia y no de otra manera. Un oficial sin tropa no sería capaz de vencer a su enemigo y una tropa sin oficial no tendría claros objetivos y terminaría en el fracaso. Los profesores son los oficiales y los estudiantes sus tropas, no tiene sentido entonces que esos dos componentes sigan separados cuando los enemigos a vencer son los mismos: la inseguridad y la falta de recursos.

Una casa no la construyen paredes y techos, esos son sólo los materiales. Quienes construyen una casa son las manos que luego la habitarán y le darán el justo mantenimiento. Porque cuando se le olvida y se deja al abandono la casa se sume en sombras, es tarea de todos los ucevistas, estudiantes y profesores, quitarle las telarañas de los vicios que ennegrecen a la UCV para que una vez más se convierta en la Casa que Vence las Sombras.