domingo, 27 de febrero de 2011

Balas como gotas

Del cielo caen balas como gotas que van silenciando ideas mientras Vargas, Rodríguez, Bello y Bolívar con dolor lloran la muerte de sus hijos ilustres, el progreso de la patria a la cual dieron vida, a manos de sus ignorantes hermanos. Aun así, sus ideas y sus cortos legados se vas acumulando en los bancos de los ríos metafísicos, cuyos cauces se encuentran en esta tierra tricolor de 7, 8 o 23 estrellas, según el punto de vista que se vea. En ocasiones llueven balas, inundando tales ríos que arrasan con la ignorancia que mantiene adormecida la población y hacen germinar la semilla del desarrollo. Déspotas y tiranos han intentado en innumerables ocasiones amordazar ideas, saquear el templo del conocimiento y corromperlo para imponer su doctrina y sus falsos próceres, ajenos a la diversidad; son ellos quienes minan los pilares de la tolerancia sin éxito, pues las voluntades más férreas y el mayor de los corajes se forjan en las mentes de quienes dedican su vida a la búsqueda de la verdad a través del conocimiento. Los hijos ilustres de la patria son odiados porque estos no se dejan seducir y timar por la mentira y luchan valientemente hasta dar con la verdad, esa astuta juguetona que gusta de jugar a las escondidas, siendo en ello una campeona.

Los hijos ilustres de la patria mueren con valentía en la empresa de la construcción de la libertad y del progreso porque no quieren doblegarse al miedo y vivir oprimidos. Tendrá que llover plomo para que un ilustre muera y dos más nazcan.

(Dedicado a los verdaderos héroes, aquellos que no buscan más que el verdadero porvenir.)

domingo, 20 de febrero de 2011

Sobre los cementerios

Los remanentes en roca y barro nos hacen evocar las memorias, transmitidas de generación en generación, de antiguas civilizaciones que alguna vez fueron poderosas y estuvieron llenas de grandeza. De igual manera, se especula entre antropólogos que se puede calcular la importancia de una ciudad antigua  y ya desaparecida por medio del estudio de sus cementerios; de modo que se puede saber si una ciudad tuvo relevancia tomando en consideración la extensión, la calidad en la elaboración de los sepulcros y la sensibilidad con la cual fueron escritos los epitafios de su cementerio.

La próxima vez preste atención al cementerio de su ciudad; dependiendo de la complejidad y vastedad, podría sentirse orgulloso del hecho de su ciudad, ya que corre con la suerte de ser reconocida a través de la historia. De ser así, prepare un estuche (o baúl) de objetos que considere puedan ser de utilidad para ulteriores estudios antropológicos por parte de las generaciones de mil años en el futuro (tal vez más, tal vez menos) y entiérrelo en el lugar más profundo de un parque, o cerca de un recinto sagrado; de esa manera tendrá mayores oportunidades de influir de una forma más directa en la percepción de la sociedad actual por las generaciones futuras. También podría promover este tipo de actividad en conjunto con el resto de la sociedad, de esa manera se estaría evitando el riesgo seguro de ser llevado preso y juzgado por alteración del orden público y daño a la propiedad pública.

jueves, 10 de febrero de 2011

Bajo el fulgor de la luna llena

Bajo el fulgor de la luna llena
a la orilla de la playa, Canela,
sentada y serena
sobre la arena.

De sal y azúcar son los rastros
que deja a su paso.

Caribe mar
insinúa ligeros pensamientos.
Alto vuelan;
qué vastos son los sueños.

De Chocolate,
el rocío la perfuma
con cada ola que perece
cuando a la orilla se suma.

Como Prisma
que matiza la saeta
sobre su piel estalla.

Descubre a cada trazo
una degradación diversa
que de belleza crea el lazo.

A la señal de los latidos
los cabellos corretean la brisa,
siempre agitados,
siempre aprisa.

Detrás del muro de la lejanía
aguardan las hadas
que muestran su naturaleza
y hechiza a quienes las miran.

Así la dibujé aquella noche.
Así la recuerdo esta noche.

martes, 8 de febrero de 2011

Toda una vida y tan corta

Parecen tantos los momentos que has vivido, aunque pocos son si los comparas con los que aún te restan por vivir. Son innumerables los instantes donde las palabras quedan fuera de lugar y tus sentidos son los únicos capaces de interpretar con certeza la esencia de aquel instante, de aquel momento.

Amas, ríes, sufres y lloras. Te enamoras y te ilusionas, prometes dar todo por alguien o por algo hasta que un día despiertas y la decepción es tan grande que quieres morir al instante. Y sin embargo, sigues queriendo, deseando, intentando; sigues luchando con la convicción de que no importa cuantos fracasos te golpeen, finalmente triunfarás y el sueño se volverá realidad.

Son esos instantes los que te dejan llenos de recuerdos, buenos y no tan buenos, algunos imborrables como un tatuaje en la piel y otros que como rastros en la arena  son lavados por las aguas del olvido, pero que indudablemente te dejarán una marca que jamás sabrás explicar pues a fin de cuentas eres lo que eres porque viviste lo que viviste.

A medida que van transcurriendo los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, los años, te conviertes en un ducho del arte de la recolección de vivencias y tus habilidades para moldear las experiencias son comparadas al maestro artesano que trabaja constantemente día a día para perfeccionar su técnica en el moldear del barro.

sigues viviendo, sigues recordando. Los momentos, los sigues recolectando.