Parecen tantos los momentos que has vivido, aunque pocos son si los comparas con los que aún te restan por vivir. Son innumerables los instantes donde las palabras quedan fuera de lugar y tus sentidos son los únicos capaces de interpretar con certeza la esencia de aquel instante, de aquel momento.
Amas, ríes, sufres y lloras. Te enamoras y te ilusionas, prometes dar todo por alguien o por algo hasta que un día despiertas y la decepción es tan grande que quieres morir al instante. Y sin embargo, sigues queriendo, deseando, intentando; sigues luchando con la convicción de que no importa cuantos fracasos te golpeen, finalmente triunfarás y el sueño se volverá realidad.
Son esos instantes los que te dejan llenos de recuerdos, buenos y no tan buenos, algunos imborrables como un tatuaje en la piel y otros que como rastros en la arena son lavados por las aguas del olvido, pero que indudablemente te dejarán una marca que jamás sabrás explicar pues a fin de cuentas eres lo que eres porque viviste lo que viviste.
A medida que van transcurriendo los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, los años, te conviertes en un ducho del arte de la recolección de vivencias y tus habilidades para moldear las experiencias son comparadas al maestro artesano que trabaja constantemente día a día para perfeccionar su técnica en el moldear del barro.
sigues viviendo, sigues recordando. Los momentos, los sigues recolectando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario