martes, 30 de octubre de 2012

Demagogia en la Pequeña Venecia


“El latifundio es un lastre casi mortal, o mortal cuando tiene su origen en una sociedad esclavista, como sucedió en el Imperio Español de América, por las consecuencias que ello tiene en la formación de actitudes y comportamientos tanto en los amos como en los esclavos, y en sus descendientes. El campesino sucesor, sobre la tierra, de abuelos esclavos, hereda el hábito de ser objeto de decisiones de otros, y no va a cambiar mágicamente.”

Carlos Rangel(1982), Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario.



Carlos Rangel afirmó que el período de democracia más largo que ha vivido Venezuela comienza desde 1958, luego de la caída del General Marcos Pérez Jiménez y la firma del pacto de Punto Fijo, que comprometió a los partidos políticos a integrarse al trabajo de gobierno, sea quien fuese el presidente electo.

Si hacemos una somera revisión a la historia del país, efectivamente nos daremos cuenta de que de los 77 mandatos presidenciales (interinos incluidos) que hasta ahora ha tenido, sólo 11 se han designado por la vía de la elección directa, de los cuales sólo 8 han podido completarse (desde 1958 con el segundo mandato de Rómulo Betancourt), según lo establecido por la constitución para los lapsos de la presidencia.

Otra cifra que parece apoyar dicha aseveración es la de las veces que la silla presidencial fue ocupada por un civil: en 28 ocasiones un civil ha llegado a la presidencia de la república, 20 de ellas en calidad de interinos o impedidos del ejercicio de sus funciones por derrocamiento vía golpe de estado.

Si a todo lo dicho le sumamos que las primeras elecciones directas celebradas en el país venezolano fueron en 1894 (Joaquín Crespo resultó electo en aquella ocasión), puede darse uno cuenta de que el pueblo venezolano es bastante inexperto en eso de la Democracia, como se constata, una vez más, en 1898 con la Revolución Liberal Restauradora, que llevó al poder a Cipriano Castro a través del uso de las armas y no de los votos.

La historia nos dice que Venezuela ha estado dominada por caudillos militares que han usado la bandera del bienestar del pueblo para satisfacer ambiciones personalistas y que, en cambio, no han sabido manejar el país para llevarlo al desarrollo de su potencial económico y social. Por supuesto que las excepciones al planteamiento se verifican en gobiernos de personajes como Antonio Guzmán Blanco y Marcos Pérez Jiménez, que si bien fueron autócratas que no permitían opiniones en contra, lograron imponer orden y llevar a cabo reformas que permitieron el progreso que ni siquiera los gobiernos democráticos desde 1958 han podido traerle.

Si hablamos netamente en términos de progreso económico y bienestar social para el país y sus habitantes, sólo los mandatos de Antonio Guzmán Blanco, Marcos Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera (primer mandato) y Carlos Andrés Pérez (primer mandato) han dado pasos significativos en tal sentido.

Lo más importante de todo esto es que el de todas estas series de sucesiones caudillistas, y los intentos (¿fallidos?) del movimiento político de 1958 por restaurar el orden de un estado derecho democrático (¿tal vez?) inexistente, el saldo final para un país como Venezuela (y América Latina en general, mismo tema con escenario más amplio) es de aproximadamente un 80 % de su población nacional en estado de pobreza, además de la existencia constante de conflictos de clases sociales que no han hecho más que impedir la unión de todos ciudadanos en torno a un acuerdo de beneficio para todos.

Es necesario hacer la pregunta de cómo la ciudadanía venezolana ha contribuido para que la historia de ese país se haya venido escribiendo de ese y no otro modo, tomando cuenta que en el presente nada de lo expuesto parecer haber cambiado y, al contrario, se sigue repitiendo en un ciclo vicioso. Hablan de Democracia pero lo hacen como si se tratase de algo que murió con el latín, pues todos la evocan pero en la práctica nadie parece saber lo que es vivir en ella.

La RAE define Democracia como la “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” y “predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. ¿Qué significa todo eso para el venezolano; cómo lo traduce? Obviamente no se trata de que cada uno de los ciudadanos de una nación digan y decidan sobre cada uno de los asuntos que corresponde tratar al gobierno, de otro modo se trataría más bien de que cada quien decida qué hacer y entonces estaríamos hablando ya de Anarquismo, (“Doctrina que propugna la desaparición del Estado y de todo poder.”) que no corresponde al concepto de Democracia.

Mi interpretación de la Democracia es que se vive en ella cuando el pueblo predomina como asunto primordial, prioridad, en la gestión de un gobierno y éste se dedique asegurar el bienestar del primero, escuchándolo y atendiendo sus necesidades para que pueda progresar, proveyéndolo de los espacios y las condiciones para que los ciudadanos de esa nación puedan desarrollar todo su potencial, a nivel individual y colectivo, sin estar condicionados a chantajes del gobierno. El pueblo está ahí para intervenir como el policía que vela porque el pueblo cumpla y haga cumplir las leyes, trayendo así paz y prosperidad; cuando un gobierno irrespeta las leyes el pueblo está en el derecho y el deber de someterlo y no al contrario; es así como se estaría viviendo realmente en una democracia.

Dudo que el venezolano realmente haya vivido y esté viviendo en democracia pues no se le puede llamar de tal manera, aun cuando un gobierno deje hablar pero no escuche. Para hacerlo, se deben hacer dos cosas: la primera es cumplir y hacer cumplir las leyes. La segunda es dejar de cambiar de constitución cada vez que se sienta que deja de satisfacer ambiciones personalistas; de esa manera podremos empezar verdaderamente a dar el primer paso hacia la democracia.

viernes, 5 de octubre de 2012

Política con sabor Vinotinto


En Venezuela los temas de conversación de los ciudadanos están sugestionados por dos  cosas: el deporte y la política; ambas suscitan favoritismos, discusiones y defensas apasionadas de la facción de agrado. No obstante la semejanza en sus principios, la diferencia fundamental que reluce es que en este país, en los últimos años, mientras el deporte se muestra capaz de unir a las personas en torno a la pasión y el orgullo que causan el deporte y los deportistas, haciendo que se fortalezca cada vez más, la política por otro lado causa estragos y hace que los ciudadanos se distancien cada vez más sin que puedan ser capaces de llegar a un punto de conciliación, donde la pasión y lo acalorado de las confrontaciones, en vez de golpes, sean de argumentos que  contribuyan al crecimiento y avance del país.

Los problemas que vive hoy el país son tan evidentes que no necesitan denuncia: fallas eléctricas, falta de agua, viviendas, empleos, desidia e ineptitud en el manejo de la industria petrolera, minera y del cemento, así como la malversación de fondos destinados al impulso de proyectos en otros sectores económicos que terminan por morir en el olvido. Mientras tanto a quienes toca hacer vida de ciudadano común en este país les toca decidir qué alimentos dejarán de llevar a la su mesa al cobrar la quincena (en el afortunado caso de que tenga empleo) porque el sueldo mínimo es inferior al costo de la canasta básica alimentaria. Si el dinero no alcanza para los alimentos, imagínense qué pasa cuando están de por medio los gastos de alquiler, vestimenta, etc. Pero tal vez el problema más grave de todo es sin duda alguna la inseguridad que hoy en día reina en las calles como producto de la validación (¡por el Presidente mismo!) del robo y asesinato como medio para obtener bienes a falta de garantías económicas; simplemente no se puede salir a la calle sin pensar que en algún momento podría ser uno atracado y asesinado.

No obstante la claridad de los problemas que aqueja a los ciudadanos venezolanos, las discusiones, peleas y divisiones que se suscitan no son por cual es la mejor solución para acabar con el problema, sino que se convierten en verdaderos torneos ideológicos mortales donde el objetivo es aniquilar la ideología del contrario e imponer la propia de cualquier manera, incluso si implica la aniquilación física del contrincante.

Todo esto se da como una consecuencia de confundir gestión de gobierno con ideología, pues el primero refiere a las acciones que se deben tomar para atacar los problemas que aquejan al país, mientras que la segunda refiere al enfoque que se aplica para cumplir con dichos pasos. Es necesario que a partir de este momento los ciudadanos venezolanos entiendan esta diferencia para que antes de escudarse bajo la frase “si no trabajo no como” se den cuenta de que la política debería ser en realidad la aplicación eficiente de un plan que ayude al ciudadano a lograr el objetivo de llevar un pan de calidad a la su mesa, de manera eficiente y abundante.

Para dar una idea del daño que ha causado el confundir ideología con gestión, les presento a continuación la siguiente analogía deportiva: Imagínese que los ciudadanos venezolanos somos integrantes todos de una liga de beisbol o fútbol regida por una federación; pero dicha federación en vez de procurar que la continuidad, brillo y crecimiento de la liga, se encarga de destruirla y en cambio quiere regir la liga de fútbol o de beisbol de Ecuador, de Colombia, de Honduras, etc. Daré más detalles: imagínese que dicha federación decida que todos los equipos pasaran a ser administrados por la federación misma y no permitirá la creación de más equipos a menos que estén bajo su control, cosa que no se sucedería puesto que en la administración de un par de equipos ya estarían más que abarrotados. El resultado final sería que todos los equipos terminarían en desidia y olvidados, sin ofrecer oportunidades a los jugadores de jugar y ganarse la vida. Imagínese también que la federación decide crear su propio equipo y que todo el presupuesto, en principio destinado equitativamente para todos los equipos, lo destina completamente a su equipo con la excusa de que es “el equipo de todos”, dejando al resto de los equipos en condiciones precarias y en dificultades para poder aspirar a ganar el título del campeonato. Imagínese entonces que todos los jugadores tengan que jugar única y exclusivamente en el equipo de la federación para poder aspirar a algo precariamente aceptable… Tendríamos que al no haber más que un equipo para darle vida al campeonato ningún jugador encontraría una razón para entrenar y ser mejor más allá de estar en la alineación que representará al país ante compromisos internacionales, que perderán porque no hay una liga que exija a sus jugadores ser cada vez mejores. Y como sólo los jugadores que forman parte de la alineación cobrarían, la designación se haría a dedo, con prioridad para los conocidos de los miembros de la federación. Al final el talento grande se iría más allá de nuestras fronteras, a ligas donde puedan desarrollar todo su potencial, con la paradoja de que su triunfo será aclamado por la federación como suyo sin haber hecho nada más que ahuyentarlo…

Más que acusar la mala gestión de un gobierno, mi intención es hacer ver lo que se está y no se puede seguir haciendo con la política para que de esa manera podamos finalmente sacar el país adelante.

Debo acotar a este punto que la responsabilidad del deterioro del país no es del político per se (que es culpable, sí, mas no responsable) sino de los mismo ciudadanos que hasta hoy han apoyado y permitido que esto ocurra, ya sea por ignorancia, conveniencia, egoísmo, etc. Es necesario que cada uno de nosotros reflexionemos sobre la responsabilidad que tenemos sobre el país en que vivimos y empecemos a hacer las cosas que nuestro país necesita que hagamos: la primera será siempre la de votar, la segunda es la de ser un buen ciudadano… la lista continua, usted agregue las prioridades…

Para seguir hablando de deportes, tal vez debamos aplicar una actitud más deportiva al momento de hablar de política, recordando que no importa cuál sea el partido al cual se pertenece, todos somos venezolanos y pertenecemos a la selección nacional. Puede que el éxito futbolístico de la Vinotinto en estos tiempos difíciles para Venezuela no sea una coincidencia; puede que haya llegado como una enseñanza para todos: el éxito se construye con paciencia, con esfuerzo, pasión y dedicación; es un éxito que se va reflejando a través de los años y necesita del apoyo de todos, sin distinción de color, ideología o clase, pero también necesita estrategias y planes de acción claros, adecuados a la tradición venezolana, para garantizar la grandeza y poder soñar con ser cada vez mejor y reconocidos por los demás de manera positiva. La Vinotinto también nos ha enseñado a mirar más y mejor lo que está adentro antes de admirar lo de afuera: En este lado del mundo hay una liga de fútbol y varios equipos que cada vez mejoran más y empiezan a resaltar en el continente suramericano, así como hay tierra, clima y mano de obra propicias para la producción de un sin número de productos que pudieran competir en calidad con el de países reconocidos.

Desde este momento no se puede pensar en volver atrás sino en ir siempre hacia adelante, corrigiendo errores y creando nuevas formas de acción que contribuya a la mejora del país. A lo que si tenemos que volver es a aquella actitud tan de beisbol que el ciudadano venezolano tenía años atrás: caraquista, magallanero, tigrero, etc. defensor fiero de su quipo amado y a la vez tan grande como para reconocer la superioridad del rival cuando es meritorio hacerlo; mientras que en la Serie del Caribe realmente se trata del equipo de Venezuela, con refuerzos de todos los equipos de la liga.

El cambio pasa por sus manos, el 12 vinotinto, el bateador designado; no deje pasar la ocasión para conectar un jonrón, para meter un gol y gritar con el corazón en la garganta ¡Viva Venezuela!