“El latifundio es un lastre casi mortal, o mortal
cuando tiene su origen en una sociedad esclavista, como sucedió en el Imperio
Español de América, por las consecuencias que ello tiene en la formación de
actitudes y comportamientos tanto en los amos como en los esclavos, y en sus
descendientes. El campesino sucesor, sobre la tierra, de abuelos esclavos,
hereda el hábito de ser objeto de decisiones de otros, y no va a cambiar mágicamente.”
Carlos
Rangel(1982), Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario.
Carlos Rangel afirmó que
el período de democracia más largo que ha vivido Venezuela comienza desde 1958,
luego de la caída del General Marcos Pérez Jiménez y la firma del pacto de
Punto Fijo, que comprometió a los partidos políticos a integrarse al trabajo de
gobierno, sea quien fuese el presidente electo.
Si hacemos una somera
revisión a la historia del país, efectivamente nos daremos cuenta de que de los
77 mandatos presidenciales (interinos incluidos) que hasta ahora ha tenido,
sólo 11 se han designado por la vía de la elección directa, de los cuales sólo
8 han podido completarse (desde 1958 con el segundo mandato de Rómulo
Betancourt), según lo establecido por la constitución para los lapsos de la
presidencia.
Otra cifra que parece
apoyar dicha aseveración es la de las veces que la silla presidencial fue
ocupada por un civil: en 28 ocasiones un civil ha llegado a la presidencia de
la república, 20 de ellas en calidad de interinos o impedidos del ejercicio de
sus funciones por derrocamiento vía golpe de estado.
Si a todo lo dicho le
sumamos que las primeras elecciones directas celebradas en el país venezolano
fueron en 1894 (Joaquín Crespo resultó electo en aquella ocasión), puede darse
uno cuenta de que el pueblo venezolano es bastante inexperto en eso de la Democracia, como se constata, una vez
más, en 1898 con la Revolución Liberal
Restauradora, que llevó al poder a Cipriano Castro a través del uso de las
armas y no de los votos.
La historia nos dice que
Venezuela ha estado dominada por caudillos militares que han usado la bandera
del bienestar del pueblo para satisfacer ambiciones personalistas y que, en
cambio, no han sabido manejar el país para llevarlo al desarrollo de su
potencial económico y social. Por supuesto que las excepciones al planteamiento
se verifican en gobiernos de personajes como Antonio Guzmán Blanco y Marcos Pérez
Jiménez, que si bien fueron autócratas que no permitían opiniones en contra,
lograron imponer orden y llevar a cabo reformas que permitieron el progreso que
ni siquiera los gobiernos democráticos desde 1958 han podido traerle.
Si hablamos netamente en
términos de progreso económico y bienestar social para el país y sus habitantes,
sólo los mandatos de Antonio Guzmán Blanco, Marcos Pérez Jiménez, Rómulo
Betancourt, Rafael Caldera (primer mandato) y Carlos Andrés Pérez (primer
mandato) han dado pasos significativos en tal sentido.
Lo más importante de
todo esto es que el de todas estas series de sucesiones caudillistas, y los
intentos (¿fallidos?) del movimiento político de 1958 por restaurar el orden de
un estado derecho democrático (¿tal vez?) inexistente, el saldo final para un
país como Venezuela (y América Latina en general, mismo tema con escenario más
amplio) es de aproximadamente un 80 % de su población nacional en estado de
pobreza, además de la existencia constante de conflictos de clases sociales que
no han hecho más que impedir la unión de todos ciudadanos en torno a un acuerdo
de beneficio para todos.
Es necesario hacer la
pregunta de cómo la ciudadanía venezolana ha contribuido para que la historia
de ese país se haya venido escribiendo de ese y no otro modo, tomando cuenta
que en el presente nada de lo expuesto parecer haber cambiado y, al contrario,
se sigue repitiendo en un ciclo vicioso. Hablan de Democracia pero lo hacen
como si se tratase de algo que murió con el latín, pues todos la evocan pero en
la práctica nadie parece saber lo que es vivir en ella.
La RAE define Democracia como la “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”
y “predominio del pueblo en el gobierno
político de un Estado”. ¿Qué significa todo eso para el venezolano; cómo lo
traduce? Obviamente no se trata de que cada uno de los ciudadanos de una nación
digan y decidan sobre cada uno de los asuntos que corresponde tratar al
gobierno, de otro modo se trataría más bien de que cada quien decida qué hacer
y entonces estaríamos hablando ya de Anarquismo, (“Doctrina que propugna la desaparición del
Estado y de todo poder.”) que
no corresponde al concepto de Democracia.
Mi interpretación de la Democracia es que se
vive en ella cuando el pueblo predomina como asunto primordial, prioridad, en
la gestión de un gobierno y éste se dedique asegurar el bienestar del primero,
escuchándolo y atendiendo sus necesidades para que pueda progresar, proveyéndolo de los espacios y las condiciones para que los ciudadanos de esa nación puedan
desarrollar todo su potencial, a nivel individual y colectivo, sin estar
condicionados a chantajes del gobierno. El pueblo está ahí para intervenir como
el policía que vela porque el pueblo cumpla y haga cumplir las leyes, trayendo
así paz y prosperidad; cuando un gobierno irrespeta las leyes el pueblo está en
el derecho y el deber de someterlo y no al contrario; es así como se estaría
viviendo realmente en una democracia.
Dudo que el venezolano realmente haya vivido y
esté viviendo en democracia pues no se le puede llamar de tal manera, aun
cuando un gobierno deje hablar pero no escuche. Para hacerlo, se deben hacer
dos cosas: la primera es cumplir y hacer cumplir las leyes. La segunda es dejar
de cambiar de constitución cada vez que se sienta que deja de satisfacer
ambiciones personalistas; de esa manera podremos empezar verdaderamente a dar
el primer paso hacia la democracia.