domingo, 11 de noviembre de 2012

Caracola


Caracola me ronda la palabra
Y me ahorca el pensamiento
Con rizos de arena, de sirena
Que encierran un cuento.

Se trata de un canto mudo
Se trata de un canto visual
Sobre un mundo colorido
Que no puedo vislumbrar.

Sin fijar posición me encuentro
Sin poder avanzar ni echarme atrás
Soy sin poder ni mirar atrás
Más patético que un espectro.

Dime tu significado, Caracola
Hazme avanzar en el misterio
De colores que dejan estela
y convierten al mar en río.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cuadernos de caligrafía


La araña recorría la servilleta en lentos movimientos que, de a momentos, parecía retroceder pero en realidad tomaba más impulso para seguir adelante hasta alcanzar el pescuezo y ahí ya no había nada que hacer ¡Malditos dioses, arruinarme la vida de esta manera en vez de dejarme morir y me vale madre el mundo! Roberto supo que no había nada que lo hubiera ayudado a prepararse para enfrentar ese día, en cambio vivía esquivando el momento y todavía sigue sin entender en qué momento ¡idiota, tú solito te metiste en la boca del lobo y sé un hombre!

Dos horas después se encontraba jugando al equilibrista sobre la baranda del puente donde 20 metros más abajo lo velaba aquel río turbio cuya corriente tragaba todo lo que le fuera arrojado sin dejarle ya regresar a la superficie. La policía había destinado un cuerpo especial de vigilancia al pueblo debido a los innumerables reportes de personas vistas por última vez sobre este puente antes de que no volviera a saberse más nada de ellas.

El saco de la conciencia se le había llenado a Roberto hace mucho tiempo, el peso de la carga comenzaba a ser ya tan insoportable que lo único que sinceramente esperaba era que aquel peso se hiciera cargo de él y lo enterrara en alguno de esos pantanos que abundan en los parques, justo detrás de la estatua, y volverse abono de petunias y el mango agobiado por la pedradas de los niños de la zona; entonces algún trabajador de la limpieza pública avistaría el saco roído y cubierto de polvo y, al divisar dentro cadáveres de sueños y promesas aniquilados, llamaría inmediatamente a la división de homicidios para llevárselo como prueba fehaciente en casos jamás resueltos. Seguramente luego de un tiempo, cuando ya todos hayan olvidado nuevamente el horror (o el morbo) que aquel día habrían encontrado, reciclarían todo aquel papel y harían de ellos cuadernos que niños aprendiendo a escribir utilizarían para plasmar su garabatos, en fin, no hay maldad que un plumazo de la mano de un niño no pueda anular, o al menos maquillar.

Roberto, asesino a sangre fría, aquel ocaso enfrentaba sus fantasmas: el problema no fue haber matado aquellos sueños y promesas, lo es en cambio el haber sido él el padre de ellos; dejar que nacieran fue lo más devastador para él porque cada vez que uno de ellos nacía algo de él le transfería y cada vez que los mataba se mataba a sí mismo. Tendría que haber tenido el valor y la decencia de llenarles el bulto de balas antes que soportar ver crecer esos engendros autistas que cualquier otro llamaría ridículamente “especial.”

Ese era el momento justo para hacer que las cosas por fin terminaran como lo había estimado, con excepción de que no sería un parque sino el puente y las aguas del río. Sólo que Roberto detestó toda su vida el agua y la sola idea de acabar con su vida ahogado le daba asco, o peor aún, que todo aquello no funcionara y tuviera que vivir ahogándose una y otra, hasta la eternidad, en aquellas aguas inmundas.

La decisión era obvia, Roberto, asesino a sangre fría, ahora cobarde sentimental, arrojaría el saco al agua y retornaría para que las manos que horas atrás lo sostenían terminasen el trabajo empezado… tal vez una bala de carmín al corazón.