jueves, 28 de abril de 2011

A la sombra de la luz

Ardimos,
dos flamas que renacieron
en el viento.
Luego murieron
reposadas
bajo el manto apacible del riachuelo.

Fuimos destellos
intermitentes extintos en la luz,
renacidos en la oscuridad,
ausentes de miedos.

La luna
se derramaba en tu ombligo,
se colaba hasta tus montañas
conquistadas por la falange.
La fuente
etérea era custodiada
por el árbol de la vida.

Me perdí en vos
jamás volví a encontrarme
ya no me busco,
ya no quiero hallarme.

sábado, 23 de abril de 2011

De un sueño hecho realidad a una realidad hecha sueño

Un día alguien me dijo que es un error vivir encerrado en un sueño, separado totalmente de la realidad; que es mucho mejor, en cambio, hacer todo lo que está a nuestro alcance para lograr que ese sueño se vuelva realidad. Luego comprendí que, al igual que yo, esa persona también estaba equivocada pero sus palabras estaban mucho más cercanas a mi verdad y me sirvieron para llegar a ella.

La respuesta se encuentra encerrada en las mismas palabras que me fueron dichas, sólo que el orden en que se encuentran no es el correcto y por eso la mente y el espíritu no lograban ponerse de acuerdo. Me di cuenta de que se trata del mismo problema que presente una caja fuerte cuando se intenta abrirla y la combinación se ha perdido: debemos proceder a probar todas las combinaciones más lógicas posibles hasta hallar la que logre abrirla; de la misma manera, hay que ir colocando las palabras en el orden que creemos el más lógico hasta dar con la combinación correcta que libere la verdad que encierra. Luego de una serie de razonamientos, de momentos de reflexión, horas, días, meses y el acontecer diario de una vida, estás fueron las conclusiones a las cuales he llegado:

No se puede vivir una realidad de sueños ausentes, puesto que sería como vivir en una colmena de hormigas, donde todos seriamos seres autómatas que viven sin una razón, donde la indiferencia reinaría y tanto alegrías como tristezas serían miradas sin ninguna exaltación, sin ninguna diferencia; daría lo mismo ver una película de horror que una comedia; leer un cuento o un poema no tendría diferencia alguna a leer una informe médico o un reporte financiero; no habría diferencia alguna entre la muerte y la vida. Imaginen la existencia de la luz sin la oscuridad: ¿Qué es entonces la oscuridad? No lo sabríamos dado que no hay una figura, un concepto antagónico que nos sirva para diferenciar la obscuridad y necesariamente tendría que surgir algo que substituya la luz (lo cual nos llevaría al punto de partida), de otra manera la obscuridad desaparecería porque no puede existir sin un opuesto. Así la mente, al anular los sueños, se anula a sí misma porque son los sueños los que hacen a cada individuo tener gustos, inquietudes, creencias, etc., particulares; sin sueños la mente no tendría motivación de superación y tal vez hoy aún siguiéramos pensando que la tierra es plana. La realidad en extremo es gris y plana hasta el punto de la auto-anulación, pero ¿Qué pasaría si viviésemos una vida donde los sueños se superponen a la realidad?

Vivir encerrado en una burbuja llamada sueño, en constante negación de la realidad, se vuelve igualmente peligroso puesto que veríamos las cosas como queramos que sean y no como realmente son; nos convertiríamos en los niños caprichosos que quieren todo lo que desean, como lo quieren y al instante, sin haber realizado ningún esfuerzo que merite tal recompensa o haber dado algo a cambio. Terminamos por aferrarnos a mentiras y (así como se duerme se tiene que despertar y como se vive se tiene que morir) mientras más aferrados a ellas más duro será el golpe al despertar y más grande la desilusión. Nadie quiere ser el tonto que cree ser el centro del universo y al final termina por buscar la aceptación de terceros por lo que se cree, para no tener que aceptarse a sí mismo como realmente es, con las cosas buenas y las cosas malas. También podemos no valorar lo que tenemos y es por esa razón que necesitamos de la realidad, la cual funciona como un medidor de las cosas que queremos, las que poseemos, las que hemos alcanzado y las que podemos alcanzar. Tal vez así estemos expuestos a lo negativo, a las derrotas y las tristezas; pero a cambio también conoceremos lo positivo, las victorias y las alegrías. Ya queda en mano de cada quien decidir lo que quiere, cómo lo quiere y lo que necesita para alcanzarlo. Puede suceder que, tal vez, encontremos en el camino personas en las cuales podamos apoyarnos mutuamente para lograr nuestros objetivos. No olvidemos que somos parte del mundo y el mundo es parte de nosotros, la cual es condición de muchos otros billones de cabezas y debemos tomarlo en consideración (queriendo o sin quererlo) para cumplir con la premisa que dice que nuestros derechos terminan donde comienzan los de otros, y en la medida que las personas a nuestro alrededor sean felices también nosotros lo seremos.

A la luz de lo expuesto parece que la afirmación de que hay que volver los sueños realidad sería lo más adecuado y lógico en todo este asunto. Entonces, ¿Por qué es errada? Pues bien, si volvemos un sueño realidad estaríamos transformando una mentira en una verdad; si repetimos cien veces una mentira ésta se volverá verdad, pero eso sólo aplica, tal vez, a quienes nos rodean porque jamás podremos engañarnos a nosotros mismos. Basta que hagamos un recuento de nuestras vidas para que las verdades salgan a flote y la frustración invada a quienes despiertan a la realidad y se encuentra que todo ha sido una mentira. Otro aspecto negativo de volver un sueño realidad es que buscaremos que sea como lo soñamos, por lo que estaríamos condicionados a que las cosas sucedan en un modo determinado y nos cierra a la posibilidad de cualquier variación, por muy buena que sea, por miedo a perder algo que, tal vez, aún no tienen.

La respuesta sin duda alguna es (a mí no me quedan dudas al respecto) volver la realidad un sueño, de esta forma se parte de la verdad y por lo tanto no se corre el riesgo de desengaño. Para ello hay que empezar por aceptar plenamente lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser (una tarea importante que no todos son capaces de cumplir con éxito), de manera que nada nos tome por sorpresa y nuestro norte se vislumbre con claridad para saber cómo debemos actuar y lograr que nuestra realidad no tenga nada que envidiarle al más hermoso de todos los sueños. Cuando volvemos nuestra realidad un sueño lo construimos desde la nada y es más sencillo agregar o quitarle cosas que lo vayan acercando a la perfección; y lo podemos hacer sin miedo a perder y con grandes chances de ganar, ya que somos conscientes de que partimos desde la nada y, tal vez, sea necesario sacrificar ciertas cosas en orden de alcanzar otras mejores que compensarán las sacrificadas. Bastará con que un día nos despertemos y al mirar a nuestro alrededor nos parezca que aún seguimos soñando, en ese momento sabremos que estaremos viviendo un sueño del cual no habrá necesidad de despertar porque sencillamente llegamos hasta él ya despiertos.

Parece increíble que baste jugar con el lenguaje y su sintaxis para llegar a una conclusión que (al menos para mí) estuvo presente todo el tiempo bajo mi nariz pero mi ceguera me impidió darme cuenta de ella. No fue sino hasta mucho después que mis competencias lingüísticas se volvieron medianamente aceptables, conjugadas con el regalo de la vida llamado “experiencia”, que descubrí la posibilidad de reordenar (ordenarlo, para ser francos) el mundo, sólo hay que darle un nuevo orden a las palabras y ser conscientes y cuidadosos al utilizarlas (con cuidadosos no me refiero al dejar de usarlas, al contrario, no se debe dejar de usarlas pero en siempre en su justa medida y pertinencia).

miércoles, 20 de abril de 2011

Un aleteo de estos



Susurra las palabras que hagan soñar al viento; susúrralas mientras pétalos y hojas inundan de colores y aromas los días más ardientes de este abril.

Colibrí picaflor, vas de flor en flor recolectando los néctares cristalinos de los sentimientos más puros. Así te vas forjando, corazón, no sin sufrir caídas y recaídas, no sin encontrarte a menudo al borde del olvido; sin rendirte arriesgaste, diste siempre un paso adelante hasta encontrar la valentía y el coraje que hoy te envuelven de celeste cielo y te hacen crecer alas.

Colibrí, la encontraste al fin, Cayena, la más hermosa y deliciosa de todas. De ella has decido no despegarte y el día en que se marchite con ella te irás a la tumba.

Mira la llovizna caer como lágrimas que mojan de alegría la madera ahora enternecida; es rocío que lava las estrellas, aclarándolas y dejando al descubierto el secreto que a nadie jamás enseñan…

…Es el secreto que se revela en tus ojos cristalinos cuando me miras lo que me hace estar enamorado; seré el guardián eterno de lo que hoy tu corazón me ha confiado.

domingo, 3 de abril de 2011

Parece un cuento, pero en realidad sucedió... dicen

Me senté con la idea de escribir sobre cualquier cosa porque realmente ideas no tengo, ya saben, ser como el resto y escribir algo con periodicidad sólo para no perder la costumbre, aunque eso signifique escribir algo carente de sentido práctico y de interés alguno para el lector (me pregunto si de verdad tendré alguno). En fin, soy uno más del montón y lo lamento muchísimo porque me había propuesto entregar sólo textos con alguna carga (así sea sentimental, pero no empalagosa), pero tal vez en el proceso surja alguna buena, de esa manera habré perdido mi tiempo (del todo). Te propongo, amigo lector (ilusamente creo tener alguno) que seas mi juez y evalúes con tus comentarios al final de esta nota mis aciertos y mis desatinos, de esa manera sabré que está bien y que no lo está, además te pido el favor de agregar nuevas ideas, como si esto fuera una gran sopa comunal sobre todos tenemos la responsabilidad de adherir la justa sazón para que todos nos podamos comer algo sabroso (o decente y comestible, al menos). Una vez aceptado el pacto, revisemos los ingredientes.

Hace unos días seguía con detenimiento las críticas y observaciones de una chica que conozco muy preocupada por lo que está pasando actualmente en Libia, así como de la intervención militarista de la O.N.U en dicho país en respuesta a las demandas caprichosas de los E.U, a lo cual debo confesar con toda responsabilidad y seriedad que me caracteriza (y siempre me pregunto por qué algunas personas dudan de la misma) que realmente el tema me pareció bastante banal y trillado, tomando en cuenta que no tengo poder suficiente ni fuerza de voz para contrarrestar los malvados impulsos de nación tan inescrupulosa (llamada por algunos imperialista y Dreamland por otros, en eso último creo que hasta el más comunista está de acuerdo). Y para ser aún más sinceros al respecto diré que sencillamente el tema no me preocupa en lo más mínimo, ya que tampoco puedo decir que la estoy pasando bomba en esta ciudad, en este país. Pero como uno es humano, varón y en plena flor de la juventud, le seguí la corriente a la caraja porque, mi pana, lo que está es bien rica y quien quita que en una de esas la conecte, pero de paso para evitar futuras complicaciones (compromisos). Al final del asunto, luego de haber sacado a relucir mi vena de político (disque, por lo menos no soy politiquero) llegue a la conclusión de que a uno le gusta distraerse en pendejadas y es mejor dedicar todos esos esfuerzos y esas neuronas a darle fuerza al nombre y apellido de uno, a ver si así de verdad uno logra hacer algo útil por sí mismo y por la humanidad y no se queda en el aparato. Si sacamos a la carajita buena del contexto aburrido y la ponemos en un ambiente más poético o rumbero, yo creo que los milagros serían más sencillos de realizar.

Aprovecho que surgió el término milagro para hablar de religión: hace una semana caché al padre Cristóbal montado en una Runner en un movimiento bastante extraño. Al principio pensé que muy amablemente se ofrecieron a darle la cola hasta la iglesia pero la nube de humo con olor mafafa que salió de la camioneta me llamó la atención (a lo mejor pienso de manera incorrecta y blasfemo en contra de la buena y sagrada entidad católica de la cual no soy parte). Lo cierto es que me acerqué al pana (con el perdón de los creyentes, pero de acuerdo a mi pana marihuanero -todos tenemos un pana así, no se hagan los de Güiria- cuando hueles la mafafa automáticamente los títulos se anulan y todos pasan a llamarse simple y rasamente pana) y se timbró de tal manera que me ofreció plata para que no me acercara ni a la iglesia ni a los alrededores por un buen tiempo. Yo como soy  antiparabólico en ningún momento se me pasó por la mente el chantaje (cada quien a los suyo), pero de igual manera acepté la plata y ahora ando con los Timberland rojos que tanto quería (por puro antojo porque yo tengo cierta aversión hacia el color rojo) y esta semana invitaré a salir a la catirota que desde hace tiempo le estoy metiendo ojo y ella tampoco se queda atrás, seguro va pendiente (no es la de la O.N.U, si se lo están preguntando).

Sólo me falta agregarle un carro para que a mi parecer esto se convierta en una historia al mejor estilo Hollywoodense, sólo que por andar de rolo e’ loco me atracaron no hace mucho en la Guaira (un día antes de lo del cura –después del susto decidí seguir un poco las costumbres de las masas a ver si se me salía la pava que cargo encima- que destruyó la poca fe en la religión que en ese momento había nacido en mí). En el siniestro me quitaron el Maverick y ahora me tocó en el carrito de Fernando (un ratico a pie y otro caminando). Pero de lo que quería contarles es de la historia del tiroteo que se formó en plena vía y en el cual yo me vi involucrado: venía yo un martes de Catia la Mar, estaba a punto de pasar muy cerca de Maiquetía cuando un par de malandros se me atravesaron en el medio del camino en una moto e hicieron que me detuviera, se metieron y tuve que manejar por media hora encañonado y de paso esquivando las balas de los policías. ¡No joda, hermano! Tengo que agradecer mis habilidades de conductor de rally porque dejé botado por ventaja de 20 morenas a los policías y el Pulga y la Viruela (así me dijeron que se llamaban) me perdonaron la vida por esa proesa y me dejaron botado con 100 bs (de los 20 palos que se habían robado) en un sitio cuyo nombre desconozco, que sin embargo tenía una línea de carritos que llega a Caracas. Ese día pude al menos meterme una media papa y una de Glacial pa’ pasar el susto.

Esto ya parece crónica, pero es que la vainas que a uno le sucede, después que uno las piensa en frío, son tan inverosímiles que uno llega a la conclusión de que uno pudiera fácilmente escribir una biografía y venderla a una firma de cortometrajes de esas que se dedican a producir series basadas en hechos reales seleccionados al azar de entre el público (y si no existe, fuera productos de cine y estuviera leyendo esto consideraría la idea –si es que hay alguno que lea esto y lo soporte-). Si me preguntan ahora mismo cómo definiría toda mi vida sería el carajo más venezolano al decir: “¡mi vida es arrecha, pana!”.

La sopa está servida, ¡Buen provecho!