Colibrí picaflor, vas de flor en flor recolectando los néctares cristalinos de los sentimientos más puros. Así te vas forjando, corazón, no sin sufrir caídas y recaídas, no sin encontrarte a menudo al borde del olvido; sin rendirte arriesgaste, diste siempre un paso adelante hasta encontrar la valentía y el coraje que hoy te envuelven de celeste cielo y te hacen crecer alas.
Colibrí, la encontraste al fin, Cayena, la más hermosa y deliciosa de todas. De ella has decido no despegarte y el día en que se marchite con ella te irás a la tumba.
Mira la llovizna caer como lágrimas que mojan de alegría la madera ahora enternecida; es rocío que lava las estrellas, aclarándolas y dejando al descubierto el secreto que a nadie jamás enseñan…
…Es el secreto que se revela en tus ojos cristalinos cuando me miras lo que me hace estar enamorado; seré el guardián eterno de lo que hoy tu corazón me ha confiado.
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