domingo, 3 de abril de 2011

Parece un cuento, pero en realidad sucedió... dicen

Me senté con la idea de escribir sobre cualquier cosa porque realmente ideas no tengo, ya saben, ser como el resto y escribir algo con periodicidad sólo para no perder la costumbre, aunque eso signifique escribir algo carente de sentido práctico y de interés alguno para el lector (me pregunto si de verdad tendré alguno). En fin, soy uno más del montón y lo lamento muchísimo porque me había propuesto entregar sólo textos con alguna carga (así sea sentimental, pero no empalagosa), pero tal vez en el proceso surja alguna buena, de esa manera habré perdido mi tiempo (del todo). Te propongo, amigo lector (ilusamente creo tener alguno) que seas mi juez y evalúes con tus comentarios al final de esta nota mis aciertos y mis desatinos, de esa manera sabré que está bien y que no lo está, además te pido el favor de agregar nuevas ideas, como si esto fuera una gran sopa comunal sobre todos tenemos la responsabilidad de adherir la justa sazón para que todos nos podamos comer algo sabroso (o decente y comestible, al menos). Una vez aceptado el pacto, revisemos los ingredientes.

Hace unos días seguía con detenimiento las críticas y observaciones de una chica que conozco muy preocupada por lo que está pasando actualmente en Libia, así como de la intervención militarista de la O.N.U en dicho país en respuesta a las demandas caprichosas de los E.U, a lo cual debo confesar con toda responsabilidad y seriedad que me caracteriza (y siempre me pregunto por qué algunas personas dudan de la misma) que realmente el tema me pareció bastante banal y trillado, tomando en cuenta que no tengo poder suficiente ni fuerza de voz para contrarrestar los malvados impulsos de nación tan inescrupulosa (llamada por algunos imperialista y Dreamland por otros, en eso último creo que hasta el más comunista está de acuerdo). Y para ser aún más sinceros al respecto diré que sencillamente el tema no me preocupa en lo más mínimo, ya que tampoco puedo decir que la estoy pasando bomba en esta ciudad, en este país. Pero como uno es humano, varón y en plena flor de la juventud, le seguí la corriente a la caraja porque, mi pana, lo que está es bien rica y quien quita que en una de esas la conecte, pero de paso para evitar futuras complicaciones (compromisos). Al final del asunto, luego de haber sacado a relucir mi vena de político (disque, por lo menos no soy politiquero) llegue a la conclusión de que a uno le gusta distraerse en pendejadas y es mejor dedicar todos esos esfuerzos y esas neuronas a darle fuerza al nombre y apellido de uno, a ver si así de verdad uno logra hacer algo útil por sí mismo y por la humanidad y no se queda en el aparato. Si sacamos a la carajita buena del contexto aburrido y la ponemos en un ambiente más poético o rumbero, yo creo que los milagros serían más sencillos de realizar.

Aprovecho que surgió el término milagro para hablar de religión: hace una semana caché al padre Cristóbal montado en una Runner en un movimiento bastante extraño. Al principio pensé que muy amablemente se ofrecieron a darle la cola hasta la iglesia pero la nube de humo con olor mafafa que salió de la camioneta me llamó la atención (a lo mejor pienso de manera incorrecta y blasfemo en contra de la buena y sagrada entidad católica de la cual no soy parte). Lo cierto es que me acerqué al pana (con el perdón de los creyentes, pero de acuerdo a mi pana marihuanero -todos tenemos un pana así, no se hagan los de Güiria- cuando hueles la mafafa automáticamente los títulos se anulan y todos pasan a llamarse simple y rasamente pana) y se timbró de tal manera que me ofreció plata para que no me acercara ni a la iglesia ni a los alrededores por un buen tiempo. Yo como soy  antiparabólico en ningún momento se me pasó por la mente el chantaje (cada quien a los suyo), pero de igual manera acepté la plata y ahora ando con los Timberland rojos que tanto quería (por puro antojo porque yo tengo cierta aversión hacia el color rojo) y esta semana invitaré a salir a la catirota que desde hace tiempo le estoy metiendo ojo y ella tampoco se queda atrás, seguro va pendiente (no es la de la O.N.U, si se lo están preguntando).

Sólo me falta agregarle un carro para que a mi parecer esto se convierta en una historia al mejor estilo Hollywoodense, sólo que por andar de rolo e’ loco me atracaron no hace mucho en la Guaira (un día antes de lo del cura –después del susto decidí seguir un poco las costumbres de las masas a ver si se me salía la pava que cargo encima- que destruyó la poca fe en la religión que en ese momento había nacido en mí). En el siniestro me quitaron el Maverick y ahora me tocó en el carrito de Fernando (un ratico a pie y otro caminando). Pero de lo que quería contarles es de la historia del tiroteo que se formó en plena vía y en el cual yo me vi involucrado: venía yo un martes de Catia la Mar, estaba a punto de pasar muy cerca de Maiquetía cuando un par de malandros se me atravesaron en el medio del camino en una moto e hicieron que me detuviera, se metieron y tuve que manejar por media hora encañonado y de paso esquivando las balas de los policías. ¡No joda, hermano! Tengo que agradecer mis habilidades de conductor de rally porque dejé botado por ventaja de 20 morenas a los policías y el Pulga y la Viruela (así me dijeron que se llamaban) me perdonaron la vida por esa proesa y me dejaron botado con 100 bs (de los 20 palos que se habían robado) en un sitio cuyo nombre desconozco, que sin embargo tenía una línea de carritos que llega a Caracas. Ese día pude al menos meterme una media papa y una de Glacial pa’ pasar el susto.

Esto ya parece crónica, pero es que la vainas que a uno le sucede, después que uno las piensa en frío, son tan inverosímiles que uno llega a la conclusión de que uno pudiera fácilmente escribir una biografía y venderla a una firma de cortometrajes de esas que se dedican a producir series basadas en hechos reales seleccionados al azar de entre el público (y si no existe, fuera productos de cine y estuviera leyendo esto consideraría la idea –si es que hay alguno que lea esto y lo soporte-). Si me preguntan ahora mismo cómo definiría toda mi vida sería el carajo más venezolano al decir: “¡mi vida es arrecha, pana!”.

La sopa está servida, ¡Buen provecho!

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