Otro año más está a punto de
finalizar y para alinearme un poco a las costumbres y las normas del buen
proceder, decidí escribir éste mi mensaje de fin de año, del cual temo se
convierta en otro mensaje más.
Como es costumbre, es el
momento ideal para pasar revista a los propósitos planteados para el año que
está por culminar: los puestos en marcha, los inconclusos, los culminados y los
que jamás pasaron de las palabras a los hechos. Para quienes tuvieron éxito se
convierte en una ocasión de celebración y para quienes fracasaron es en cambio
la ocasión para ahogar las penas.
Dicen que es también un tiempo
para perdonar los errores cometidos y dar nuevas oportunidades. Así, para el
año venidero nuevos propósitos son planteados y, en algunos casos, se retoman
los aplazados.
Dado que ésta es una época
propicia para recibir ingentes cantidades de mensajes llenos de augurios y
buenos deseos para el año que está a punto de comenzar, quisiera en estas
líneas saltarme esas emotividades para ocupar su atención en las siguientes dos
palabras, las cuales son el corazón de mi mensaje: no olvidar.
No olvidar es la única garantía
que tenemos de que la marcha es hacia adelante y no hacia atrás.
Quien ha logrado alcanzar sus
metas y ha conseguido el éxito, al no olvidar su tierra, su gente y todo lo que
ha tenido que hacer y pasar para llegar hasta donde está, es capaz de
vislumbrar de manera lúcida la dirección que deberá tomar para mantener el
éxito alcanzado y multiplicarlo. Será, además, alguien agradecido que comprenderá
la importancia de responder a los compromisos adquiridos, de manera voluntaria,
como pago a los favores que le fueron otorgados; entenderá muy bien la
importancia de cumplir con los deberes sociales contraídos para poder seguir
recibiendo la confianza de quienes creyeron en él. En pocas palabras, aquel que
es exitoso y no olvida sabrá hacer perdurar su éxito.
Aquel que se olvida de todo y
de todos los que le han apoyado, inmediatamente luego de alcanzar el éxito, no
será capaz de repetir la gesta para mantenerlo y agrandarlo. Lo que sí logrará
en cambio es perder la conciencia y la razón, hasta el punto del derroche y la
destrucción de lo apenas construido. Quien alcanza el éxito y olvida se vuelve
déspota con la gente e instituciones que le brindaron su confianza y apoyo para
alcanzar su meta, pues no estará en la capacidad de corresponder y retribuir
los favores que le fueron otorgados; Es así como en los momentos de crisis este
tipo de personas no podrá contar con la compañía y el favor de gente confiable
a su causa.
El no olvidar es lo que permite
a los desafortunados asegurarse de que una nueva oportunidad no signifique un
nuevo fracaso.
Quien fracasa y no olvida es
capaz de analizar de manera crítica las razones que le llevaron a fallar. De
esa manera podrá determinar aquello que le perjudica y debe eliminar de su
vida, así como la dirección que tenga que darle para encontrar una mejoría. No
olvidar representa, además, la oportunidad para rescatar las cosas positivas
que una persona puede seguir conservando y reforzando, para tomarlas como un
punto de partida hacia el éxito buscado. Se traduce entonces en aprender de la
experiencia para tomar las mejores decisiones respecto a todo y todos lo que
nos rodean.
Quien fracasa y olvida tendrá
por seguro que seguirá repitiendo su fracaso año tras año sin poder entender ni
desafiar el estancamiento al cual se condena. Sin saber dónde se erró y dónde
se acertó, al olvidar se quedaría a merced de los designios de la rueda de la
fortuna: ésta al girar sin parar un día se puede encontrar uno encima de ella,
gozando de un golpe de suerte y los beneficios que trae, mientras que al otro
se encontraría uno aplastado por la misma, a las anchas de la miseria; todo por
no hacer uso de la experiencia que nos permite suministrar los bienes para
blindarnos de las adversidades.
Por último: no debemos nunca
procurar la grandeza y dicha propia a costa de la de los demás, de otro modo
estaríamos condenando toda nuestra obra a no poder subsistir con la obra de los
demás. Que no se olvide que ayudando a mejorar nuestra comunidad estaríamos
ayudándonos a nosotros mismos. Recuerden el dicho, “con la vara que midas serás
medido.”
Feliz año.
