viernes, 21 de diciembre de 2012

Un escalofrío


- ¡Qué clima tan loco, a ratos hace calor y luego frío!
- Ciertamente.
- ¿Llevas mucho tiempo esperando la camioneta?
- Ya van unos 20 minutos.
- Siempre es así en esta ruta.

Sentado en la parada de autobuses, respondió sin prestar mucha atención a su interlocutor; sus ojos estaban comprometidos profundamente con la lectura de su libro y no se permitía ninguna distracción, las respuestas a la pregunta fue una cuestión mecánica.

- ¿Qué lees?
- Locke.
- ¿Qué vaina es esa?
- Liberalismo.
- Ni idea. Toda esa vaina es pura mierda. Lo real y lo efectivo son el dinero, las drogas y las armas, por eso es que lo mío es robar.

La última frase lo interrumpió súbitamente y substrajo sus ojos de la atención que hasta ahora dedicaba exclusivamente a sus libro. Lenta y disimuladamente le echo un vistazo a su interlocutor, empezando desde abajo: zapatos deportivos, Nike; pantalón de jean, rojo y chupi-chupi; franela dos tallas más grandes (era extremadamente flaco), blanca con letras fosforescentes; al llegar al tope descubrió un rostro moreno, de abundantes cicatrices y sostenido por una gorra color patilla.

El dilema: iniciar la retirada inmediatamente, buscando una excusa que no ofendiese a su interlocutor y lo salvase a él de recibir un tiro; o quedarse sentado ahí, atento a los movimientos de su contraparte, en la espera del desenlace de aquel episodio; Podía tomarle la delantera a su eventual agresor arriesgando, por un lado, a salir herido o muerto a causa de un arma de fuego; o bien podría lograr someterlo gracias a su ventaja corporal y sus conocimientos de defensa personal.

- No te preocupes – observó el recién llegado, al notar en su cara el ensimismamiento que causa un peligro inminente – ni te voy a pedir pal pasaje, desde que te vi tengo una sensación horrible que me tiene los pelos de punta. Mejor no arriesgo mi suerte contigo, no vaya a ser que sea una pava y me la pegues por andarte robando -.

- Está bien – decía él incrédulo y sin dejar de mirarlo.

- Fíjate, chicho, en vez de eso me entraron ganas de venir a hablar contigo para saber por qué me dio un escalofrío tan hijo de puta.

- La verdad es que no soy nadie, aparte de ser un simple estudiante universitario que trabaja ocasionalmente, cuestiones de obligación con la carrera.

Se quedaron viendo fijamente, analizándose el uno al otro, hasta que finalmente:

-Bueno, Llave, seguro que estás pa’ cosas grandes y la corte te protege. Cuídese por ahí y siga echando pa’ lante ¡y más na’!

El incialmente agresor tomó dirección del otro lado de la avenida para alejarse cuando en ese momento pasó un autobús que como bate a pelota de beisbol lo mandó a guardar en el parabrisas del auto que tres metros más adelante esperaba la luz verde para poder seguir su camino. Nuestro lector aún no lo cree.

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