En Venezuela los temas de
conversación de los ciudadanos están sugestionados por dos cosas: el deporte y la política; ambas
suscitan favoritismos, discusiones y defensas apasionadas de la facción de
agrado. No obstante la semejanza en sus principios, la diferencia fundamental que
reluce es que en este país, en los últimos años, mientras el deporte se muestra
capaz de unir a las personas en torno a la pasión y el orgullo que causan el
deporte y los deportistas, haciendo que se fortalezca cada vez más, la política
por otro lado causa estragos y hace que los ciudadanos se distancien cada vez
más sin que puedan ser capaces de llegar a un punto de conciliación, donde la
pasión y lo acalorado de las confrontaciones, en vez de golpes, sean de
argumentos que contribuyan al
crecimiento y avance del país.
Los problemas que vive hoy el
país son tan evidentes que no necesitan denuncia: fallas eléctricas, falta de
agua, viviendas, empleos, desidia e ineptitud en el manejo de la industria
petrolera, minera y del cemento, así como la malversación de fondos destinados
al impulso de proyectos en otros sectores económicos que terminan por morir en
el olvido. Mientras tanto a quienes toca hacer vida de ciudadano común en este
país les toca decidir qué alimentos dejarán de llevar a la su mesa al cobrar la
quincena (en el afortunado caso de que tenga empleo) porque el sueldo mínimo es
inferior al costo de la canasta básica alimentaria. Si el dinero no alcanza
para los alimentos, imagínense qué pasa cuando están de por medio los gastos de
alquiler, vestimenta, etc. Pero tal vez el problema más grave de todo es sin
duda alguna la inseguridad que hoy en día reina en las calles como producto de
la validación (¡por el Presidente mismo!) del robo y asesinato como medio para
obtener bienes a falta de garantías económicas; simplemente no se puede salir a
la calle sin pensar que en algún momento podría ser uno atracado y asesinado.
No obstante la claridad de los
problemas que aqueja a los ciudadanos venezolanos, las discusiones, peleas y
divisiones que se suscitan no son por cual es la mejor solución para acabar con
el problema, sino que se convierten en verdaderos torneos ideológicos mortales
donde el objetivo es aniquilar la ideología del contrario e imponer la propia
de cualquier manera, incluso si implica la aniquilación física del
contrincante.
Todo esto se da como una
consecuencia de confundir gestión de gobierno con ideología, pues el primero
refiere a las acciones que se deben tomar para atacar los problemas que aquejan
al país, mientras que la segunda refiere al enfoque que se aplica para cumplir
con dichos pasos. Es necesario que a partir de este momento los ciudadanos
venezolanos entiendan esta diferencia para que antes de escudarse bajo la frase
“si no trabajo no como” se den cuenta de que la política debería ser en
realidad la aplicación eficiente de un plan que ayude al ciudadano a lograr el
objetivo de llevar un pan de calidad a la su mesa, de manera eficiente y
abundante.
Para dar una idea del daño que
ha causado el confundir ideología con gestión, les presento a continuación la
siguiente analogía deportiva: Imagínese que los ciudadanos venezolanos somos
integrantes todos de una liga de beisbol o fútbol regida por una federación;
pero dicha federación en vez de procurar que la continuidad, brillo y
crecimiento de la liga, se encarga de destruirla y en cambio quiere regir la
liga de fútbol o de beisbol de Ecuador, de Colombia, de Honduras, etc. Daré más
detalles: imagínese que dicha federación decida que todos los equipos pasaran a
ser administrados por la federación misma y no permitirá la creación de más
equipos a menos que estén bajo su control, cosa que no se sucedería puesto que
en la administración de un par de equipos ya estarían más que abarrotados. El resultado
final sería que todos los equipos terminarían en desidia y olvidados, sin
ofrecer oportunidades a los jugadores de jugar y ganarse la vida. Imagínese
también que la federación decide crear su propio equipo y que todo el
presupuesto, en principio destinado equitativamente para todos los equipos, lo destina
completamente a su equipo con la excusa de que es “el equipo de todos”, dejando
al resto de los equipos en condiciones precarias y en dificultades para poder
aspirar a ganar el título del campeonato. Imagínese entonces que todos los
jugadores tengan que jugar única y exclusivamente en el equipo de la federación
para poder aspirar a algo precariamente aceptable… Tendríamos que al no haber
más que un equipo para darle vida al campeonato ningún jugador encontraría una
razón para entrenar y ser mejor más allá de estar en la alineación que
representará al país ante compromisos internacionales, que perderán porque no
hay una liga que exija a sus jugadores ser cada vez mejores. Y como sólo los
jugadores que forman parte de la alineación cobrarían, la designación se haría
a dedo, con prioridad para los conocidos de los miembros de la federación. Al final
el talento grande se iría más allá de nuestras fronteras, a ligas donde puedan
desarrollar todo su potencial, con la paradoja de que su triunfo será aclamado
por la federación como suyo sin haber hecho nada más que ahuyentarlo…
Más que acusar la mala gestión
de un gobierno, mi intención es hacer ver lo que se está y no se puede seguir
haciendo con la política para que de esa manera podamos finalmente sacar el
país adelante.
Debo acotar a este punto que la
responsabilidad del deterioro del país no es del político per se (que es culpable, sí, mas no responsable) sino de los mismo
ciudadanos que hasta hoy han apoyado y permitido que esto ocurra, ya sea por
ignorancia, conveniencia, egoísmo, etc. Es necesario que cada uno de nosotros
reflexionemos sobre la responsabilidad que tenemos sobre el país en que vivimos
y empecemos a hacer las cosas que nuestro país necesita que hagamos: la primera
será siempre la de votar, la segunda es la de ser un buen ciudadano… la lista
continua, usted agregue las prioridades…
Para seguir hablando de
deportes, tal vez debamos aplicar una actitud más deportiva al momento de
hablar de política, recordando que no importa cuál sea el partido al cual se
pertenece, todos somos venezolanos y pertenecemos a la selección nacional.
Puede que el éxito futbolístico de la Vinotinto en estos tiempos difíciles para
Venezuela no sea una coincidencia; puede que haya llegado como una enseñanza
para todos: el éxito se construye con paciencia, con esfuerzo, pasión y
dedicación; es un éxito que se va reflejando a través de los años y necesita
del apoyo de todos, sin distinción de color, ideología o clase, pero también
necesita estrategias y planes de acción claros, adecuados a la tradición
venezolana, para garantizar la grandeza y poder soñar con ser cada vez mejor y
reconocidos por los demás de manera positiva. La Vinotinto también nos ha
enseñado a mirar más y mejor lo que está adentro antes de admirar lo de afuera:
En este lado del mundo hay una liga de fútbol y varios equipos que cada vez mejoran
más y empiezan a resaltar en el continente suramericano, así como hay tierra,
clima y mano de obra propicias para la producción de un sin número de productos
que pudieran competir en calidad con el de países reconocidos.
Desde este momento no se puede
pensar en volver atrás sino en ir siempre hacia adelante, corrigiendo errores y
creando nuevas formas de acción que contribuya a la mejora del país. A lo que
si tenemos que volver es a aquella actitud tan de beisbol que el ciudadano
venezolano tenía años atrás: caraquista, magallanero, tigrero, etc. defensor
fiero de su quipo amado y a la vez tan grande como para reconocer la superioridad
del rival cuando es meritorio hacerlo; mientras que en la Serie del Caribe
realmente se trata del equipo de Venezuela, con refuerzos de todos los equipos
de la liga.
El cambio pasa por sus manos,
el 12 vinotinto, el bateador designado; no deje pasar la ocasión para conectar
un jonrón, para meter un gol y gritar con el corazón en la garganta ¡Viva
Venezuela!