Un año que viene y otro que se
va. Al ritmo de la canción bailan los pensamientos y de nuevo se repite el
ritual que comienza en la mente y termina con la sustitución de una cifra por
la otra. Para algunos habrá sido el año que termina de aciertos, glorias y
éxitos, para otros, por el contrario, habrá sido un año de amarguras y tristezas.
Lo cierto es que la vida siempre está llena de giros inesperados, sin duda
nadie escapa a las sorpresas.
Los años pudieran ser vistos
como vidas. Cada vida cuenta con una duración acordada de 365 días aproximadamente,
acuerdo cuya reflexión hace caer en cuenta que para nada es poco tiempo de curación de una vida. Somos
entonces, dentro de este mundo, seres llenos de múltiples vidas que estamos
reencarnando constantemente para retomar la vida recién expirada, con la
diferencia de que venimos con otro aire, otro pensamiento, otra estrategia,
rememorando siempre lo hecho en nuestras vidas pasadas para tratar de no repetir
los mismos errores y repetir los aciertos acometidos, claro está que siempre
que sea una vida nueva no estamos exentos de la debilidad humana de cometer
errores, es parte innata de nuestra condición. De esas vidas pasadas nos quedan
los recuerdos de aquellos cielos violetas que nos hicieron suspirar, aquellas
melodías que nos hicieron vibrar de maneras únicas, aquellas situaciones y
personas que hicieron momentos de nuestras vidas pasadas, de nuestros años
vividos, momentos cargados de felicidad que son nuestra fuente de energía para
seguir impulsándonos y mirar al presente y al futuro.
Si es el tiempo el que nos
mata y no de manera inversa, entonces no son los años que se acaban sino que
somos nosotros los que dejamos de existir en esos años y, al estar
imposibilitados de existir sin el tiempo, nos vemos obligados entonces a migrar
a años donde podemos volver a existir. El hecho de que dejemos de existir en un
año y revivamos en otro que viene sucedido por un orden numérico es una mera
cuestión humana, siempre guiados por la necesidad de vivir bajo el orden de
etiquetas, así terminamos por etiquetar también el tiempo para poder hacer
referencia a vidas pasadas, a años pasados.
En definitiva, cada año nuevo,
cada vida nueva, somos individuos nuevos con la misión de seguir adelante la
misión de llevar a cabo el sueño impuesto hace ya tantas tantos años atrás,
porque los sueños son los únicos que no cambian, al contrario de lo que se
piensa o cree. En algunos casos no nos damos cuenta de eso ya que los cambios
que nos exigen las situaciones nos hacen olvidar que seguimos en la vía del
sueño inicial y sin embargo, ahí está siempre, rigiendo nuestras vidas como un
fantasma que nos conduce a actuar hasta que él se haga realidad. Está demás
decir que en el proceso siempre vamos ganando y perdiendo, nuestra humanidad no
nos permite sostener tantas cosas a la vez y siempre nos estamos enfrentando a
situaciones en las cuales debemos renunciar a cosas o personas para ganar otras,
aunque no hay que negar que puede llegar a ser más difícil renunciar a personas
que a cosas y es la razón por la cual la gente en general ha adquirido el mal
hábito de sólo encariñarse con cosas y no con personas por miedo al dolor. Lo
más importante de todo esto, según mi parecer, es que en toda decisión tomada
siempre prevalezcan firmes los ideales y la sinceridad, es la única forma en la
cual puede alcanzarse la verdadera felicidad, aquella que va más allá de la
temporal.
No puedo sino invitarlos a
vivir otro año con la intensidad y energía que caracteriza a cada uno de nosotros,
sin dejar de dar lo que tenemos que dar para tener siempre un mundo mejor, para
tener siempre una mejor vida. También los invito a vivir otro año de manera
sincera, base fundamental para tener amigos, pareja, negocios, etc. sólidos y
duraderos.
Faltan cinco pa' las 12 ¡Feliz Año
Nuevo, Feliz Vida Nueva!